Breve historia de la plaza del Ayuntamiento (I)

El origen de la emblemática plaza del Ayuntamiento se remonta a la época medieval. Tras la conquista cristiana, se levantó en esos lares el convento de San Francisco, documentado desde 1423 que, desde entonces, dio nombre a su entorno hasta el siglo XIX.

Hasta ese momento fue conocida como la plaza de San Francisco y también la “Devallada de Sant Francés”, el tramo desde la antigua plaza de Cajeros, donde actualmente convergen San Vicente y Mª Cristina hasta la plaza.

En 1835 marcó el inicio de la modernización de la plaza, pues la desamortización hizo que el convento pasara a manos del ejército, que albergaría un cuartel de caballería.

A partir de entonces, la plaza cambiaría según los cambios políticos. Así, en 1840, los liberales la bautizaron como la Plaza del general Espartero, tres años más tarde, sería sustituido por el de Isabel II, al ser coronada como nueva reina al cumplir la mayoría de edad.

Década y media después, en 1868, con motivo de la Revolución Liberal que destronó a la citada reina, fue llamada la plaza de la Libertad. Tras la vuelta de la Monarquía, en la persona de Alfonso XII, en 1874, periodo conocido como el de la Restauración, pasó a llamarse otra vez como la Plaza de San Francisco. Casualmente duraría los mismos años que el nombre de Isabel II, ya que en 1899, el consistorio decidió denominarla Plaza de Emilio Castelar, eminente político que había sido el cuarto presidente de la I República.

Este nombre se mantendría hasta 1939, año que acaba la Guerra Civil, cuando sería modificado por el de la Plaza del Caudillo en referencia al general Franco, llamada así durante toda la dictadura y unos años más, concretamente hasta 1978. En ese año, en plena Transición, fue denominada Plaza del País Valenciano.

Este último nombre duró hasta 1987 cuando nuevamente pasó a conocerse oficialmente como hoy en día. De todas maneras, hubo un último intento, de momento, de cambiarlo por el de Jaime I en 2008 con motivo del VIII centenario del nacimiento del Conquistador. La propuesta finalmente quedó en agua de borrajas.

Bajada de San Francisco en 1906

Repasados sus nombres, la plaza también fue modificada en su fisonomía, sobre todo a partir del primer tercio de 1900 debido a varias reformas. La de 1929 marcó un antes y un después: su transformación fue notable.

Los exóticos quioscos de estilo japonés que vendían flores desaparecieron. Como así también, las dos estatuas que “vigilaban” la plaza. La primera dedicada al pintor Ribera desde 1905 traída desde su ubicación inicial frente al edificio del Temple,“viajó” nuevamente adonde está ahora; en la plaza de Teodoro Llorente. La segunda en recuerdo del Marqués de Campo, más monumental y también fuente, fue a parar a la plaza de Cánovas del Castillo.

Aquella primera reforma duró más bien poco, ya que en 1933 y bajo la supervisión del arquitecto Javier Goerlich, la plaza subió de nivel en una gigantesca plataforma (conocida como “La Tortada”) por la que se ascendía por unas escaleras, rodeada por tres grandes fuentes, representando las tres provincias valencianas. Otras escaleras conducían a un semisótano, que albergaba el mercado de flores.

Sin embargo, aquella metamorfosis duró veinte años, ya que, después de varias transformaciones hasta 1961, la dejaron lisa.

En 1964, con motivo del 25 aniversario del término de la Guerra Civil, promovido por el régimen como “25 años de paz”, se “plantó” una estatua ecuestre del general Franco trasladada durante el periodo democrático. En 1993 fue inaugurada la estatua que se puede ver hoy en día, de Francesc de Vinatea, figura tan poco conocida que no extraña que pase tan desapercibida,  que fue primer jurado de la ciudad a principios del siglo XIV.

Para saber más: Origen e historia de las calles del centro de Valencia. Volumen I. Juan Luis Corbín-Ferrrer. Ed. Federico Domenech. Las Provincias. 2001. Valencia.

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